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    October 02

    LA HISTÉRICA PREFIERE ABSTENERSE (CON LA BELLA CARNICERA)

     
    En los orígenes del psicoanálisis, están las mujeres. Prestándose a los cuidados de los “doctores”, contribuyeron al descubrimiento del inconsciente y dejaron una vez más a los hombres el beneficio de explotar lo que tenían que decir ellas. Freud inventó el psicoanálisis gracias a las histéricas, y todo lo aprendió de ellas, escuchándolas. Dicen que el mejor sitio para aprender un idioma es la cama: en el caso de Freud, fue el diván. Lo cierto es que las histéricas producen saber, hacen trabajar a los demás, ¡por eso mismo decía Lacan que Sócrates fue el más sublime de los histéricos! El día en que haya una cátedra de psicoanálisis en el prestigioso Colegio de Francia (¿un momento que debemos ansiar o temer?), en alguna calle de París habrá un busto dedicado a la histérica, que es sin duda alguna la Marianne del inconsciente. Como la histérica es por lo general una mujer, proponemos que el monumento conmemorativo se levante en la Rue Madame o en la Rue Mademoiselle.
    “La histérica construye su deseo en el propio movimiento del habla”, asegura Lacan. Hablar y hablar, aunque termine absteniéndose: este es el credo de la histérica. Encontramos un ejemplo de histérica en un caso de Freud comentado por Lacan, el de “la Bella Carnicera”. Nos la imaginamos sensual, indiferente a los problemas existenciales. Como no es demasiado activa, la bella carnicera tiene mucho tiempo para degustar platos elegantes y para invitar a cenar a sus amigos. La histérica acude a la consulta de Freud y le cuenta el siguiente sueño: “Quiero ofrecer una cena, pero sólo tengo un poco de salmón ahumado. Me dispongo a salir para hacer algunas compras, pero recuerdo que es domingo por la tarde y todas las tiendas están cerradas. Quiero llamar a algunos proveedores, pero el teléfono está estropeado. Así que renuncio al deseo de ofrecer una cena”. De hecho, la histérica pretende poner a prueba a Freud, pues la tesis que este defiende es que el sueño es el cumplimiento de un deseo y en el sueño de la guapa perezosa sucede lo contrario: el deseo no se cumple.

    ¿Es así realmente? Veámoslo con más detenimiento. El deseo no se cumple porque la histérica no quiere que se cumpla. Del mismo modo, en la vida “real”, la bella carnicera querría comer caviar todos los días, pero no se lo permite. Si se lo propusiera a su marido, él aceptaría, pero ella desea en realidad que él la prive de su deseo. La carnicera desea algo, y acto seguido hace lo posible para que su compañero no se lo dé, con el fin de poder atosigarlo y exigirle amor, es decir, exigirle “un nada” ofrecido por el otro. La mujer desea tener un deseo insatisfecho, y no creamos que eso es un refinamiento de la clase ociosa: esta mujer es una histérica, y las histéricas se empeñan duramente en privarse de lo que quieren.

    Pero volvamos al sueño. El caviar que desea la carnicera aparece en el sueño en forma de salmón ahumado. ¿Por qué de salmón ahumado? Porque es el plato preferido de su amiga, con la cual se identifica y de la que está celosa porque a su marido le gusta. El deseo de la carnicera es pues un deseo del deseo de otro, lo que significa tanto el deseo que se aloja en el otro como el deseo que ella siente por el otro. “El sujeto histérico se construye casi por completo a partir del deseo del otro”, resume Jacques Lacan. En el sueño, el deseo puede satisfacerse, pero sólo para el otro, por intermediario de otra. Y lo más curioso, según Lacan, es que el sueño de la carnicera es un deseo de deseo: el deseo de ver a su marido deseado por su amiga, o a su marido deseando a su amiga (hasta el extremo de que la histérica se arriesga a perderlo).
    Como explicó el psicoanalista con un juego de palabras que repetimos para ir abriendo boca: “La belle bouche erre”.*Sin embargo, desear a través de otro no es tan raro. Consideremos una situación bastante sencilla, digna de aparecer en las mejores páginas de la revista femenina Marie-Claire. Jean-Paul, tan atractivo como John-John Kennedy, que fue consagrado como “el hombre más seductor del mundo” antes de su trágico fallecimiento, ama a la lectora. Jean-Paul le hace partícipe de sus sentimientos por e-mail, y la lectora recibe su declaración de amor en el trabajo, y se lo comunica a sus colegas femeninas reenviándoles el mensaje: ellas también están enamoradas y se identifican con ella. Cuando Jean-Paul rompa, la lectora verá cómo se echa a llorar toda la oficina diáfana en la que trabaja. El deseo del deseo del otro es un juego sin fin, y de hecho seguimos hablando de él más abajo.

    *Juego entre “la belle bouche erre” (literalmente, “la boca bonita se equivoca” y “la belle bouchère” (“la bella carnicera”).
     

    Comments (1)

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    La bella carnicera era francesa??? Mira vooosss.
    Nov. 13

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